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Sinopsis

Jon Nieve tiene un sueño de lobo, donde Fantasma corre por el bosque, bajo el Muro, mientras la luna lo acompaña y le murmura repetidamente su nombre “Nieve”. El lobo hace oídos sordos y continúa su marcha, ya que a lo lejos, muy lejos, alcanza a oír la llamada de sus compañeros de manada, de hermano a hermano, los que también cazaban. Una lluvia torrencial azotaba a su hermano negro Peludo, mientras despedazaba una cabra enorme, limpiando la sangre donde el animal le había clavado su largo cuerno, presumiblemente un unicornio de Skagos. En otro lugar, su hermana Nymeria aullaba a la luna, y cientos de pequeños primos grises interrumpieron la caza para cantar con ella. Las colinas eran más cálidas allí en las tierras de los Ríos, y estaban repletas de comida. Muchas noches su hermana y su manada se llenaban de carne de animales de las granjas de los hombres, oveja, vaca y caballo y a veces incluso de la de los propios hombres. La luna sigue llamándolo Nieve y el lobo blanco continúa por el sendero humano, sintiendo el sabor de la sangre en la lengua, y la canción de cientos de lobos. Recuerda que habían sido seis: cinco cachorros ciegos y gimoteantes en la nieve, que mamaban la leche fría del cadáver de su madre, y él que se alejo arrastrándose solo. Quedaban cuatro y había uno al que el lobo blanco ya no podía sentir. La luna insiste llamándolo Nieve y el lobo blanco huye de ella y corre hacia el bosque donde el Muro no la refleja. Al otro lado sabe que el viento es aún más gélido y que allí era donde estaba su hermano gris Verano. Vuelven a llamarlo Nieve y un carámbano cae de una rama, el lobo se vuelve enseñando los dientes y erizando el pelaje, de pronto el bosque desaparece a su alrededor, se despierta, oye un batir de alas y el cuervo de Mormont aterriza en su pecho gritándole Nieve.

Edd el Penas entra en su habitación y le pregunta qué desea para desayunar. A Jon todavía le resulta extraño tener sirvientes; hasta hacía poco era él quien preparaba el desayuno para el Lord Comandante Jeor Mormont. Jon responde que lo tomará más tarde y le pregunta si hubo algún problema la noche anterior con las empalizadas ya que luego de la batalla del Castillo Negro habían apresado a mil salvajes más allá del Muro, y muchos de los prisioneros eran mujeres. Más de un guardia se había llevado alguna a hurtadillas para que le calentase la cama y debió colocar guardias a los guardias. Edd le dice que no luego de que tomara esa decisión y le cuenta que dos salvajes más se entregaron anoche. Una madre con una niña agarrada a las faldas, que también llevaba un bebé envuelto en pieles, pero estaba muerto, los interrogaron pero no sabían nada de los demás líderes salvajes por lo que les dieron de comer y los encerraron, incinerando al bebé. Todas las noches llegaba gente del pueblo libre que había escapado de la batalla que se libró bajo el Muro, solo para dar la vuelta rápidamente al comprender que no había adonde huir. A Jon ya no lo preocupaban los bebés muertos y quemados, pero los vivos era diferente y sabía que el rey Stannis Baratheon necesitaba dos reyes para despertar al dragón, primero el padre, el Rey-Más-Allá-del-Muro Mance Rayder y luego el hijo, y ambos morirían reyes. Jon pensaba que solo un monstruo entregaría un niño vivo a las llamas.

Jon cada vez soñaba con los lobos más a menudo, y recordaba los sueños aun en la vigilia. Se da cuenta que Fantasma sabe que Viento Gris murió, junto con Robb en Los Gemelos. Bran y Rickon también habían muerto en Invernalia, pero si los sueños no mentían, los huargos habían conseguido escapar. En Corona de la Reina había reconocido a Verano, el cual había salido de la oscuridad y le había salvado la vida. Jon se pregunta si una parte de sus hermanos muertos vivía aún en sus lobos. El cuervo lo saca de sus pensamientos pidiendo que le abra la ventana, lo hace y recuerda que ese bicho es muy listo y había pasado muchos años con el Viejo Oso, pero eso no le impidió devorarle el rostro cuando murió.

Stannis Baratheon había ocupado la Torre del Rey, y la Torre del Lord Comandante había ardido hasta los cimientos, por lo cual Jon se establecio en las habitaciones de Donal Noye, detrás de la armería. El documento que el rey le había entregado para firmar estaba en la mesa, Jon leyó una vez más el pergamino y pensó que si lo firmaba, se le recordaría para siempre como el lord comandante que entregó el Muro. A Stannis no le gustaba que le lleven la contraria y era un invitado bastante inquieto. Recorrió el camino Real casi hasta Corona de la Reina, merodeó por Villa Topo e inspeccionó las ruinas de las fortificaciones de Puerta de la Reina y Escudo de Roble. Todas las noches subía a la cima del Muro con lady Melisandre y durante el día visitaba las empalizadas para que la mujer roja interrogase a los prisioneros. Desde la armería le llegó un entrechocar de escudos y espadas y la voz de Férreo Emmett como nuevo maestro de armas del Castillo Negro. Los reclutas estaban en el patio y Jon evaluó que Caballo tenía madera de luchador. Unos cuantos caballeros de Stannis estaban entrenándose al otro lado del patio, cuando pasó junto a ellos, Godry Farring lo desafio diciéndole que un hombre que lleva acero valyrio debería usarlo para algo más que rascarse. Jon le dice que usa a Garra cuando debe y rechaza el desafío excusándose que tendrá que ser en otra ocasión; ya que tiene otras tareas pendientes.

El Castillo Negro tenía un aspecto desolado e inhóspito tanto de ruina como de fortaleza, de la Torre del Lord Comandante solo quedaba el esqueleto y la Torre de Hardin parecía a punto de desmoronarse. El Muro se alzaba detrás, atestado de constructores que subían un nuevo tramo de escalera para unirlo a los restos de la anterior. Trabajaban día y noche ya que sin la escalera solo era posible alcanzar la parte superior usando la jaula, pero no les serviría si volvían a atacar los salvajes. Se encuentra a Samwell Tarly, que venía de entregarle al rey una carta y este le dice que no son buenas noticias por su cara. Jon se preguntó que casa del Norte se había negado a doblegarse ante Stannis en aquella ocasión, ya que cuando Bastión Kar se puso de su parte no guardó el secreto. Jon aprovecha a preguntarle como le va con el arco y Sam responde que encontró un buen libro sobre el tema, pero es más difícil practicarlo que leerlo.

Jon llega a los aposentos del rey y se encuentra a Lady Melisandre sentada junto al fuego. Jon la compara con Ygritte que había recibido el beso del fuego, pero la sacerdotisa roja era fuego puro; su pelo, sangre y llamas. El rey se ve incomodo y avenjentado, en la mano llevaba un pergamino abierto, Jon hincó la rodilla. El rey le pregunta quién es Lyanna Mormont, Jon responde que es la menor de las hijas de lady Maege, que lleva el nombre de la hermana de su padre y tiene alrededor de diez años. Stannis lee la carta que dice que “La Isla del Oso no conoce otro rey que el Rey en el Norte, cuyo nombre es Stark.”. Con diez años se atreve a desafiar a su rey le dice Stannis, y Jon se pregunta si la respuesta habría sido distinta en caso de que la misiva hubiera ido sellada con un huargo en lugar de un venado. Jon sabía que Maege había cabalgado hacia el sur con Robb y su hija mayor también, aunque ambas hubieran muerto, lady Maege tenía otras hijas. Por lo que se pregunta si habían partido también con Robb y que sin duda, lady Maege habría dejado al menos a una de las mayores de castellana. El rey le ordena a Jon que no divulgue la noticia y se queja de que ha enviado cuarenta cuervos y no ha recibido más que silencio y desafíos, con excepción de los Karstark. Arnolf Karstark se convirtió en castellano de Bastión Kar cuando su sobrino y sus hijos partieron hacia el sur con Robb, y fue el primero en responder a Stannis jurando su lealtad. Jon piensa que los Karstark no tenían más remedio luego de haber traicionado al huargo y derramado sangre de leones.

Stannis y Melisandre cuestionan a Jon ya que los otros reyes no prestaron ayuda a sus demandas cuando los salvajes atacaron su Muro y los vasallos del Norte ahora no le prestan ayuda, ni lo reconocen. Jon les dice que los vasallos de su padre tienen esposas e hijos que proteger, y que el rey les pide mucho, debe darles tiempo y tendrá sus respuestas. El Norte cabalgó con Robb, sangró con él, murió por él y ahora vienen a ofrecerle otra ronda, no es extraño que no acepten y hay algunos que lo miran y solo ven otro aspirante condenado al fracaso. Melisandre le dice que si el rey esta destinado al fracaso también lo está su reino, ya que es el verdadero rey de Poniente. Stannis le pregunta cuánto oro tiene guardado y Jon le dice que los impuestos se los pagan en especias, y la Guardia de la Noche tiene abundancia de nabos, pero no de monedas. Si necesita oro y plata, entonces necesita a Puerto Blanco y Lord Wyman Manderly es el más rico de los vasallos de su padre. Pero Stannis le dice que la carta de respuesta recibida hablaba de la edad y los achaques de su señor. Entonces Melissandre propone que a Manderly quizá le gustaría tener una esposa salvaje. Jon le dice que Wyman tiene dos hijos mayores, el de más edad ya le ha dado nietos y está demasiado gordo para montar ya que pesa al menos cuatro quintales. Val no lo aceptaría y además para el pueblo libre no es más que la hermana de la esposa muerta de su rey, si la fuerza a casarse con un hombre a quien no desea, es probable que le corte el cuello en la noche de bodas. Y aun en el caso de que lo aceptara como marido, eso no significaría que los salvajes fueran a seguir a Manderly, ni que fueran a seguirlo a él. El único hombre que puede atraerlos a su causa es Mance Rayder. Stannis dice que lo sabe y ha pasado horas hablando con él, conoce todo y mucho más del verdadero enemigo, y no cabe duda de que es un hombre astuto, pero incluso si renunciase a ser rey, seguiría siendo un perjuro. Si se deja con vida a un desertor, se incita a los demás a que lo imiten y lo que hizo Mance está castigado en todas las legislaciones de los Siete Reinos. Jon argumenta que la ley termina en el Muro. Stannis finaliza la discusión diciéndole que piensa quemarlo para que el norte vea cómo trata a los cambiacapas y traidores, además cuando muera el padre, el príncipe salvaje será el Rey más allá del Muro. Jon vuelve a decirle que se equivoca ya que nadie se convierte en Rey de los salvajes por herencia.

Stannis le pregunta si ya ha firmado el acuerdo y Jon le responde que pide demasiado y ya le han cedido el Fuerte de la Noche. Stannis dice que no pide, exige, y es un pobre regalo ya que hará falta medio año de trabajos para hacer habitable ese castillo y los otros no están en mejores condiciones. Hay diecinueve fuertes a lo largo del Muro, y solo tienen hombres en tres y su intención es tenerlos todos guarnecidos antes de que termine el año. Jon le dice que el problema es que pretende dar esos castillos a sus caballeros y señores, para que gobiernen desde ellos como vasallos suyos. Stannis no lo niega y argumenta que muchos de sus caballeros y señores abandonaron tierras fértiles y castillos recios en el sur y merecen una recompensa por su lealtad. Jon agrega que si quiere perder el Norte no hay mejor forma que entregar las fortalezas del norte a señores del sur. Stannis replica que quiso entregarle Invernalia y le tiró la oferta a la cara. Jon dice que Invernalia corresponde por derecho a su hermana Sansa y Stannis le dice que es ahora lady Lannister, eso no sucederá mientras él viva.

Jon le pregunta a Stannis si es verdad lo que comenta Elí, la nodriza del príncipe salvaje, que pretende dar tierras y castillos a Casaca de Matraca y al magnar de Thenn. Jon tiene intención de cambiar secretamente al niño de Elí por el hijo de Mance Rayder y enviarlo a Antigua con Elí, y aprovecha la instancia. Le dice a Stannis que Elí es sólo otra boca que alimentar y que la enviará a Guardiaoriente del Mar, además que es esposa e hija de Craster y que su hijo es fruto de esa unión, lo que deja conmocionado a Stannis diciendo que es una abominación. Melisandre interviene, señalando que Elí proporciona leche para el Príncipe Salvaje además del suyo y que el plan de Jon de separar a dos hermanos de leche es un acto de crueldad. Jon afirma que el hijo de Eli es un bebé más grande y más robusto que el príncipe y se pasa el día pellizcando y dándole patadas, y se queda con toda la leche (aunque en realidad el más robusto es el hijo de Dalla). Que su padre Craster era un hombre cruel y taimado y eso se hereda. Jon ofrece buscar una nodriza de reemplazo entre los salvajes y los Clanes de la Montaña Norteños. Mientras tanto el Príncipe Salvaje (en realidad el hijo de Eli) tendrá que sobrevivir en la leche de cabra. Stannis dice que la leche de cabra es magra pero mejor para un príncipe que la leche de puta y que está de acuerdo en librarse de esa mujer, con lo cual la conversación se torna nuevamente hacia el tema de los castillos.

Jon le argumenta que fue la Guardia de la Noche la que construyó esos castillos para defender el Muro y no para que se convirtieran en tronos de sureños. La argamasa que mantiene en pie esos castillos se hizo con sangre y huesos de sus hermanos ya muertos y no puede entregárselos. Stannis desenvaina Dueña de Luz diciéndole que allí está la espada en la oscuridad. Jon sigue insistente argumentando que los castillos deben guarnecerse con hombres de la Guardia de la Noche, pondrá comandantes experimentados que conozcan el Muro y las tierras de más allá y sepan sobrevivir al invierno que se avecina en todos los castillos abandonados, y a cambio de todo lo que le ha dado, le pide que le conceda los hombres necesarios para las guarniciones. Hombres armados, arqueros, reclutas, hasta lisiados y heridos. Stannis se echa a reír y le dice que está loco si cree que sus hombres vestirán el negro, o servirán a sus oficiales, los caballeros y señores que tiene a su servicio son vástagos de casas nobles, antiguas y honorables y no van a servir a cazadores furtivos, campesinos y criminales. Jon le dice que su mano es contrabandista y el rey replica que lo fue, y por eso le cortó los dedos y lo amenaza preguntándole que opinará de esos castillos el comandante número novecientos noventa y nueve de la Guardia de la Noche si tiene la visión de su cabeza en una pica. Jon no se deja intimidar y responde que fue elegido con justicia por sus hermanos, que hizo un juramento y el Muro es suyo. Stannis le dice que puede quedarse con sus ruinas, pero si algún castillo sigue vacío antes de que acabe el año, lo tomará sin su permiso. Y si uno solo cae en manos enemigas, caerá su cabeza.

Melisandre acompaña a Jon cuando se retira y le dice que el rey le está cobrando afecto. La sacerdotisa roja lo toma del brazo y le dice que tiene razón sobre el rey de los salvajes, que rezará al Señor de la Luz para que la guíe. Le cuenta que cuando observa las llamas, puede ver más allá de la piedra y la tierra, y encontrar la verdad en el alma de los hombres. Puede hablar con reyes muertos y con niños nonatos, y ver cómo pasan los años y las estaciones hasta el final de los tiempos. Jon le pregunta si sus fuegos nunca se equivocan y ella responde que nunca, aunque los sacerdotes a veces erran, confundiendo lo que ha de suceder con lo que puede suceder. Jon siente el calor que emana de ella incluso a través de la lana y el cuero y se da cuenta que la visión de ambos entrelazados atrae miradas curiosas por lo que se libera de su brazo. Jon le consulta si puede ver cuándo y dónde tendrá lugar el próximo ataque de los salvajes. Melissandre le dice que R'hllor les envía las visiones que considera oportunas, pero buscará a Tormund en las llamas. Luego le revela que lo ha visto en sus llamas y ha soñado con su Muro. La sabiduría que lo levantó fue grande, así como los hechizos encerrados bajo su hielo y en ese momento caminan a la sombra de uno de los ejes del mundo. Ese lugar es tan suyo como de él y puede que pronto la necesite apremiantemente, no debe rechazar su amistad. Lo ha visto en la tormenta, en apuros, rodeado de enemigos por todas partes y le pregunta si quiere saber sus nombres. Jon le dice que ya sabe sus nombres, pero ella le dice que no esté tan seguro, no debe temer a los que lo maldicen a la cara, sino a los que le sonríen cuando lo miran y afilan sus cuchillos cuando da media vuelta. Agrega que haría bien en mantener cerca siempre a su lobo, lo que ve es hielo y cuchillos en la oscuridad, sangre helada y roja, y acero desnudo y mucho frío. Jon le dice que ya sabe que siempre hace frío en el Muro y Melisandre le dice: “Entonces no sabes nada, Jon Nieve”.

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