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Grigg, mejor conocido como Grigg la Cabra, fue un joven guerrero salvaje.

Apariencia y Carácter

Grigg es descrito como un joven con una larga trenza rubia, delgado y fuerte y muy sociable. Pertenece a la banda de Jarl, la que ya participo en otras expediciones al sur del Muro. Grigg tiene ganas de visitar a los Hombres Verdes en la Isla de los Rostros.[1]

Eventos Recientes

Tormenta de Espadas

Mance ordenó a Jarl y a Styr dirigir un pequeño grupo de guerreros y cruzar el Muro para atacar a la Guardia de la Noche desde el sur donde hay menos defensas; Grigg integra la partida. Jon Nieve e Ygritte son enviados a ir con ellos. Parten al Muro a caballo con más de un centenar de thenitas y jinetes escogidos.[2]

Al llegar al pie del Muro, en algún lugar entre Puertapiedra y Guardiagrís, inician la escalada. El hielo se alzaba ante ellos abrupto entre los árboles como un acantilado inmenso, coronado de almenas talladas por el viento hasta una altura de al menos doscientos cincuenta metros, en algunos puntos llegaba hasta los trescientos. Se extendía hasta cubrir una gran colina empinada, después bajaba hasta un valle, Jarl había optado por escalar la zona de hielo a lo largo del risco. Allí, aunque la cima del Muro se alzaba a doscientos cincuenta metros sobre el suelo, más de un tercio de su altura era de tierra y piedra en vez de hielo. La ladera era demasiado empinada para los caballos, pero el ascenso sería infinitamente más sencillo que por la cara vertical del Muro en sí. Además, el espeso bosque del risco les ofrecía un escondite perfecto.

El Muro no impresionaba a los exploradores, ya que no era la primera vez que hacían eso; todos lo habían saltado ya. Jarl fue gritando algunos nombres a medida que desmontaban bajo el risco, y once de ellos se reunieron a su alrededor. Los once escaladores se dividieron en tres grupos de cuatro Grigg encabezaba uno, Jarl y Errok los otros dos. Jarl les dice antes de comenzar la escalada:

“Mance ha prometido espadas para todos los del primer equipo que llegue a la cima. Espadas sureñas, de acero forjado en castillo. Además se mencionará su nombre en una canción que va a componer. ¿Qué más puede pedir un hombre libre? ¡Arriba, y que los Otros se lleven al último!”

El primero de los escaladores que sale por encima de las copas de los árboles era Jarl. Había encontrado un árbol centinela inclinado contra el Muro y aprovecharan el tronco para adelantarse a los demás. Los otros dos equipos no habían encontrado árboles tan convenientes, y los thenitas pronto empezaron a preguntarse si no se habrían perdido mientras escalaban por el risco. El grupo de Jarl ya estaba al completo en el Muro y a veinticinco metros de altura cuando aparecieron los primeros escaladores de los otros grupos. Entre cada equipo había al menos veinte metros de distancia. Los cuatro de Jarl iban en el centro. A su derecha estaba el equipo encabezado por Grigg el Cabra y a su izquierda el jefe de los escaladores era Errok.

El sol ascendió por el cielo y los salvajes ascendieron por el Muro. Los cuatro de Jarl fueron por delante hasta el mediodía, cuando llegaron a una zona de hielo en malas condiciones.y un trozo se desmoronó y cayó, teniendo que detener la marcha. A partir de este punto Grigg y Jarl avanzaban casi a la misma altura, seguidos por los de Errok a unos quince metros de distancia. La pared parecía suave y lisa, cubierta por una película de hielo derretido que brillaba húmeda allí donde recibía la caricia del sol. A primera vista la zona de Grigg parecía más oscura, con desniveles más evidentes: largas cornisas horizontales allí donde se había colocado mal un bloque con respecto al de abajo, grietas y surcos, y hasta huecos a lo largo de las uniones verticales donde el viento y el agua habían excavado agujeros tan grandes como para que un hombre se pudiera esconder en ellos.

Cuando ya llevaban seis horas, Jarl iba otra vez por delante del grupo de Grigg el Cabra y la ventaja se iba incrementando. Los cuatro de Jarl y los de Grigg casi no se veían en medio del resplandor, aunque el equipo de Errok seguía aún en las sombras. Cuando se oyó un crujido repentino que pareció retumbar a lo largo del hielo, seguido de un grito de alarma. Y al instante el aire se llenó de trozos de hielo, gritos y hombres que caían. Cuando volvieron a alzar la vista, el equipo de Jarl había desaparecido. Ni rastro de los hombres, las sogas ni las estacas; por encima de los doscientos metros no quedaba nada. Jon pensó “El Muro se defiende”

El Magnar y sus hombres comenzaron a quemar los cuerpos de los muertos, estos ya estaban ardiendo cuando Grigg el Cabra y su grupo fueron los primeros en llegar a la cima del Muro. Cuando se les unieron los cuatro de Errok, del equipo de Jarl sólo quedaban huesos y cenizas. Para entonces, el sol ya empezaba a descender, de manera que los escaladores no tenían tiempo que perder. Se quitaron los largos rollos de cuerda de cáñamo que habían llevado alrededor del pecho, los ataron bien y tiraron un extremo. Los hombres que Jarl había dejado en la base sacaron una gran escalera con peldaños de cáñamo trenzado tan gruesos como brazos, y la ataron a la soga de los escaladores. Errok, Grigg y sus hombres la izaron, la aseguraron en la cima con estacas y volvieron a tirar la cuerda para subir una segunda escalera. Había cinco. Cuando todas estuvieron colocadas, empezaron a subir y aun con escaleras, el ascenso no era fácil.

Habían descendido por la cara sur del Muro en Guardiagrís, que estaba abandonado desde hacía más de doscientos años. Un siglo atrás se había derrumbado un tramo de peldaños de piedra, pero aun así la bajada les resultó mucho más fácil que la subida. Una vez allí, con Styr al frente, se adentraron en el Agasajo para esquivar las patrullas de la Guardia. Grigg el Cabra iba al frente del grupo cuando pasaron cerca de las pocas aldeas habitadas que quedaban en aquellas tierras. Al final de cada día de marcha, el Magnar hacía llamar a Jon y lo interrogaba acerca del Castillo Negro, su guarnición y sus defensas. Jon mentía siempre que se atrevía y unas cuantas veces finge desconocer las respuestas, pero Grigg el Cabra y Errok también lo estaban escuchando y sabían lo suficiente para que tuviera que hacerlo con cuidado para no traicionarse. Cada día que pasaba entre los salvajes a Jon se le hacía más difícil buscar la manera de traicionar a aquellos hombres, y cuando lo consiguiera morirían. No quería su amistad, pero, aun así estaba empezando a conocer a Grigg el Cabra y los hombres de Jarl que habían escalado el Muro.[3]

Se acercaba una tormenta y Grigg el Cabra conoce una aldea a tres o cuatro kilómetros, a la cual se dirigen para buscar refugio allí. Esta es la aldea de Corona de la Reina donde se encuentra escondido Bran Stark el que a trvés de Verano ayuda a escapar a su hermano Jon, el que se dirige al Castillo Negro herido de un flechazo.

Jon prepara la defensa del Castillo Negro contra los salvajes junto a los que atravesó el Muro. Con dificultades, Los hermanos de la Guardia de la Noche logran matar a todos los salvajes, aunque se desconoce como es la muerte de Grigg.[4]

Referencias

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