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La Guerra de la Conquista fue la campaña militar liderada por Aegon Targaryen para conquistar las tierras de Poniente al sur del Muro. Entre sus fuerzas se contaban los soldados de Rocadragón y sus vasallos, sus hermanas Visenya y Rhaenys y sus tres dragones, Balerion, Vhagar y Meraxes, además de algunas casas que se rebelaron a sus señores, se rindieron voluntariamente o cambiaron de bando al ser conquistadas.

Antecedentes

Guerra-de-la-Conquista

Mapa táctico de la Conquista de Aegon. En rojo las batallas. En verde las rendiciones.

Ravens bearing Aegon’s proclamation to all corners of Westeros by Marc Simonetti©

Cuervos llevando la proclamación de Aegon como Rey de Poniente by Marc Simonetti©

La guerra comenzó con el desembarco de Aegon en el año 2 BC, cuando Aegon llegó a la costa de la Bahía del Aguasnegras junto a sus dos hermanas, sus tres dragones y unos 1.600 hombres.[1] La Casa Targaryen había controlado la isla-fortaleza de Rocadragón, la posesión más lejana del Feudo Franco de Valyria, durante un siglo tras la Maldición de Valyria.

Durante los años posteriores a la Maldición, en el Siglo Sangriento, los Targaryen habían tratado de expandir sus dominios. Sin embargo, Aegon se encontraba dividido entre unificar Poniente o conquistar las Ciudades Libres, que habían estado en constante guerra entre ellas tras la caída de Valyria. Rechazó la petición de apoyo de la Antigua Volantis para ayudar a re unificar el Feudo Franco, y eligió la más ambiciosa tarea de conquistar y unificar Poniente bajo su mando.

Aegon, el Rey de la Tormenta Argilac el ArroganteBraavos y Pentos decidieron aliarse en apoyo de las ciudades de Myr, Lys y Tyrosh para romper la hegemonía volantina. El propio Aegon contribuyó a la guerra volando a lomos de Balerion hasta Pentos, para reunirse con el príncipe y los magísteres de la ciudad. Desde allí voló a Lys, donde llegó a tiempo para incendiar una flota volantina que se disponía a invadir la ciudad.

Mientras tanto, Harren el Negro, el Rey de las Islas del Hierro y las Tierras de los Ríos, estaba a punto de completar su enorme castillo, Harrenhal, y se decía que se lanzaría a más conquistas. El Rey de la Tormenta, Argilac el Arrogante, había crecido temeroso del poder de Harren, y propuso así una alianza con Aegon. Se cree que quería crear una zona de separación entre él y Harren. Le ofreció la mano de su hija, la princesa Argella, en el matrimonio, así como una dote de tierras. Sin embargo, esas tierras eran de hecho posesión de Harren el Negro. Aegon se negó y en cambio envió su propia oferta: aceptaría las tierras que Argilac le cedía si a ellas sumaba el Garfio de Massey y las llanuras que se extendían desde el Aguasnegras hasta el Aguastortas  y el nacimiento del Mander. El pacto se sellaría con el matrimonio entre la hija del rey Argilac con el mejor amigo de Aegon, Orys Baratheon, quién se rumoreaba que era su hermano bastardo. El rey Argilac se lo tomó como un insulto y le cortó las manos a su mensajero, a quien envió a Aegon con un mensaje:

"Éstas son las únicas manos que vuestro bastardo obtendrá de mí". [2]

Aegon llamó a Rocadragón a sus banderizos y aliados: Celtigar y Velaryon, y también llegaron Lord Bar Emmon y Lord Massey por sus lazos con la casa Targaryen, a pesar de ser vasallos de Bastión de Tormentas. Consultó con sus dos hermanas, Rhaenys y Visenya. Envió cuervos a los monarcas en los Siete Reinos. Les informó de que "solo habrá un rey" y que los que doblaran la rodilla mantendrían sus tierras y sus títulos. Los que no lo hicieran, de lo contrario, serían aniquilados.

Recibió una oferta de matrimonio y la alianza de la reina regente Sharra Arryn del Reino de la Montaña y el Valle si Aegon proclamaba a su hijo Ronnel como heredero. Meria Martell, Princesa de Dorne, respondió que sería su aliada contra el Rey Tormenta, pero no su súbdita. Aegon rechazó ambas ofertas y ningún otro gobernante se presentó.

Antes de lanzar su invasión, Aegon supuestamente visitó algunas ciudades y castillos ponientis en secreto, teniendo en cuenta la fuerza de cada rey y señor de cada uno, y la lealtad que demandaban; sin embargo, la historia oficial dice que él nunca puso un pie en Poniente antes de la invasión y ordenó la construcción de la Mesa Pintada, una mesa cortada como un mapa exacto de la geografía de Poniente. Al parecer, consideró a Poniente como una sola tierra, a pesar de estar dividido en siete reinos, y estaba decidido a unificarlos bajo su gobierno.[3]

La Conquista

El Desembarco

Rhaenys, Aegon y Visenya Targaryen by Amoka©

Rhaenys, Aegon y Visenya Targaryen by Amoka©

La pequeña hueste Targaryen, de entre 1.600 y 3.000 hombres, arribó a la desembocadura del Aguasnegras junto a tres colinas, un lugar que había sido reclamado por muchos reinos pero sin llegar nunca a asentarse con éxito. Sobre la colina más alta, Aegon inició la construcción de una empalizada de madera y una fuerte muralla que nombró Fuerte Aegon como primera reclamación al continente de Poniente. Lo que se convertiría en las Tierras de la Corona cayó rápido ante el rey conquistador; envió a Visenya y a Rhaenys para someter a los señores locales. Los Rosby de Rosby se rindieron a Rhaenys sin luchar, mientras que en Stokeworth, algunos ballesteros abrieron intentaron abatir a Visenya, por lo que esta hizo que Vhagar quemase el castillo, tras lo cual los Stokeworth se rindieron.
Targaryen Window by Guad©

Visenya, Aegon y Rhaenys, junto a sus dragones by Guad©

La primera prueba que Aegon se encontró vino de parte de Lord Darklyn de Valle Oscuro y de Lord Mooton de Poza de la Doncella, cuando ambos unieron sus tropas y marcharon hacia el sur para combatir a Aegon con casi 3.000 hombres. Aegon envió a Orys Baratheon para que los atacara con la tropa, mientras él descendió sobre ellos con el Terror Negro. En la batalla unilateral que siguió murieron ambos señores; el hijo de Darklyn y el hermano de Mooton se rindieron después en sus castillos y juraron sus espadas a la Casa Targaryen. 

Tras haber rendido una docena de castillos y haber asegurado sus nuevos dominios en la Bahía del Aguasnegras, Aegon fue coronado por la reina Visenya con una diadema de acero valyrio, tachonada de rubíes, mientras la reina Rhaenys le aclamaba como "Aegon, el Primero de su Nombre, Rey de todo Poniente y protector de su pueblo", en una ceremonia en el Fuerte Aegon en la que se encontraban todos sus vasallos, incluyendo a los señores recién subyugados.[4]

Batalla de Puerto Gaviota

Véase también: Batalla de Puerto Gaviota

Después de ser coronado rey, Aegon envió a su flota, comandada por su Consejero Naval, Daemon Velaryon, para tomar Puerto Gaviota con su hermana Visenya Targaryen y su dragón. Contra ellos fue enviada una gran flota del Valle, reunida de forma apresurada y apoyada por una docena de barcos de guerra braavosis.[5] En la batalla, los Arryn fueron capaces de derrotar a la flota de los Targaryen, resultando Daemon asesinado. Visenya, montando su dragón Vhagar, quemó la flota de los Arryn como respuesta.

Aunque los Targaryen hubiesen perdido la batalla, los hermaneños de las Tres Hermanas se rebelaron contra los Arryn por la pérdida de su flota, proclamando su independencia y coronando a Lady Marla Sunderland como su reina.[6]


Conquista de las Islas del Hierro y las Tierras de los Ríos

Véase también: Quema de Harrenhal

Fall of harrenhal by reneaigner

Aegon I usa sus dragones en el ataque a Harrenhal by Rene Aigner©

Mientras tanto, Aegon marchó al noroeste en dirección al Ojo de Dioses, para enfrentarse al Rey de las Islas del Hierro, Harren el Negro. El rey Harren había gobernado tanto la Islas del Hierro como las Tierras de los Ríos desde su recién terminada fortaleza, Harrenhal, la más grande que había conocido Poniente, que era considerada inexpugnable.

Aegon cruzó el Aguasnegras y continuó al norte hacia Harrenhal con Balerion, el Terror Negro. Balerion era el más grande de los dragones y el más viejo, habiendo nacido en Valyria. Aegon obtuvo una victoria en la Batalla de los Juncos, pero poco después sufrió una grave derrota en los Sauces Tristes, si bien consiguió quemar a los hijos del hierro atacantes cuando estos se retiraban en sus barcoluengos a través del Ojo de Dioses.[7]

Harren el Negro era conocido por ser alguien que despreciaba a sus súbditos. Cuando llamó a sus señores ribereños vasallos para que acudiera a ayudarle a enfrentarse al señor dragón, Lord Edmyn Tully de Aguasdulces se rebeló ante su señor y unió fuerzas con la causa Targaryen. Los demás señores de las Tierras de los Ríos hicieron lo mismo rápidamente. Ante esto, Harren se refugió junto a sus hijos supervivientes en su enorme fortaleza, seguro de que allí nadie le podría hacer daño. Los señores de los ríos se unieron a las tropas de Aegon, formando en total un ejército de más de 8.000 hombres que comenzaron a sitiar el castillo.

En Harrenhal, Aegon se presentó ante las puertas de la fortaleza con una bandera de parlamento. Debido a que ambos reyes llevaban junto a ellos a un portaestandarte y a un maestre, aún se recuerda la conversación que mantuvieron:

"— Rendíos ahora —ofreció Aegon— y podréis seguir siendo el señor de las Islas de Hierro. Rendíos ahora, y vuestros hijos vivirán para gobernar después de vos. Tengo ocho mil hombres alrededor de vuestra muralla.
— Me da lo mismo lo que haya alrededor de la muralla —respondió Harren—: es gruesa y robusta.
— Pero no tan alta para que no puedan pasar los dragones. Los dragones vuelan.
— Son de piedra —replicó Harren—, y la piedra no arde.
— Cuando se ponga el sol, será el fin de vuestro linaje —sentenció Aegon."

Harren guarneció las torres con arqueros. No teniendo hijas propias, ofreció la mano de la hija de cualquiera de los señores rebeldes al hombre que pudiera reclamar el título de "Matadragones”.

Aegon voló alto hasta solo ser visto como un punto en el cielo. Con un rápida caída en picado, el fuego descendió sobre el castillo antes de que estuvieran en el rango para ser un objetivo. Se dice que las torres de Harrenhal brillaron de color rojo aquella noche. Harren y sus últimos hijos perecieron en la que se llamó más tarde la Torre de la Pira Real, marcando el fin de la Casa Hoare.

Tras esto, los hombres del Hierro huyeron de nuevo a sus Islas, siendo perseguidos y masacrados a lo largo del camino hacia la costa por Aegon con la ayuda de los señores de los Ríos, a quienes exigió lealtad. Lord Edmyn Tully fue el primero en jurar su lealtad a Aegon; por su servicio, Aegon le concedió el título de Señor Supremo del Tridente, por lo que todos los otros señores de las Tierras de los Ríos le debían lealtad. Las espadas de los caídos fueron reunidas y se mandaron río abajo a Fuerte Aegon.


Rendición de Punta Zarpa Rota

Tras la muerte de Harren el Negro en Harrenhal, Aegon había enviado a su hermana, la reina Visenya, para exigir la rendición de los señores de Punta Zarpa Rota. Los señores entendieron que no tenía ninguna posibilidad, por lo que pusieron sus espadas a sus pies. Visenya los tomó como sus propios hombres. Inclinaron la rodilla ante ella sin remordimientos y a cambio les prometió que serían vasallos directos de los Targaryen.[8]


Conquista de las Tierras de la Tormenta

Véase también: Última Tormenta

Orys Baratheon HBO

Orys Baratheon a la conquista de las Tierras de la Tormenta

La mayor parte de las fuerzas Targaryen cruzaron el río Aguasnegras en dirección a Bastión de Tormentas bajo el mando de Orys Baratheon, a quien Aegon había nombrado Mano del Rey, con Rhaenys acompañándolo a horcajadas sobre Meraxes.

Aunque los señores de Ballarroca y Punta Aguda, en el Garfio de Massey, se habían rebelado y puesto del lado de Aegon, el resto de vasallos de la casa Durrandon se mostraron más leales. Los señores Errol, Fell y Buckler, banderizos de Bastión de Tormentas, sorprendieron la avanzada de la hueste de Orys Baratheon mientras cruzaban el Aguastortas y mataron a más de mil hombres antes de desaparecer de nuevo entre los árboles. Entonces, Rhaenys dio rienda suelta a Meraxes e incendió los bosques, muriendo Lord Errol y teniendo que retirarse Lord Fell y Lord Buckler hacia el sur.

A pesar de que Bastión de Tormentas tenía una muralla aún más gruesa que las de Harrenhal, cuando a Argilac el Arroganta le llegaron las noticias de la muerte del rey Harren, gritó que no tenía intención de morir como Harren, asado en su propio castillo como un lechón con una manzana en la boca; decidiría él mismo su propio destino, espada en la mano, así que cabalgó para enfrentarse a sus enemigos. Mientras el Rey de la Tormenta reunía sus espadas, los piratas de los Peldaños de Piedra aprovecharon su ausencia para tomar las costas del Cabo de la Ira, y las partidas de asalto dornienses saqueaban enfervorecidas las Montañas Rojas y las Marcas.

El avance del rey Argilac no fue ninguna sorpresa para Orys y sus hombres. La reina Rhaenys, a lomos de Meraxes, había presenciado su partida de Bastión de Tormentas y pudo proporcionar a la Mano del Rey un informe completo sobre las fuerzas enemigas. Orys se atrincheró en una posición al sur de Puertabronce, sobre unas colinas, a la espera de los hombres de las Tierras de las Tormentas.

Mientras los dos ejércitos se encontraban, la región hizo honor a su nombre. Una llovizna se desató a la mañana, y a mediodía ya se había transformado en un intenso vendaval. Los banderizos de Argilac le rogaron que retrasara la batalla al día siguiente, pero este se negó, pues duplicaba en número a las fuerzas Targaryen, y tenía cuatro veces más caballería pesada. Con el viento a favor suyo, dio la orden de atacar. La lucha duró hasta bien entrado el anochecer. Tres veces el rey Argilac cargó con sus caballeros contra las posiciones enemigas sobre las colinas, pero el terreno era empinado y el terreno estaba blando y fangoso. Finalmente, envió a sus lanceros a pie contra las tropas enemigas, cegadas por la lluvia, por lo que no les vieron subir hasta que fue demasiado tarde; primero cayó una colina, luego otra, y finalmente en la tercera la carga del Rey de la Tormenta y sus caballeros rompió el centro de la línea enemiga, solo para ver a la reina Rhaenys a lomos de Meraxes quemar a su vanguardia, siendo Argilac derribado de su silla de montar en medio del caos. Incluso sin poder volar por el temporal, el dragón era terrible. Cuando Orys llegó a la colina con sus propios hombres, se encontró al anciano rey manteniendo a raya él solo a media docena de enemigos, con otros tantos muertos a su alrededor. Desmontó con el fin de enfrentarse a Argilac en igualdad de condiciones, y le ofreció una última oportunidad de rendirse. Argilac lo maldijo en su lugar. Lucharon y finalmente Argilac murió en el combate. Con la muerte del rey, su ejército arrojó las armas y huyó.

Durante unos días se temió que Bastión de Tormentas sufriera el mismo destino que Harrenhal, pues la hija de Argilac, Argella, había cerrado las puertas del castillo y se había proclamado Reina de las Tormentas. Los soldados de la guarnición no estaban tan dispuestos a morir, alzando una bandera blanca, abrieron las puertas de la fortaleza y entregaron a Argella, desnuda y encadenada, ante Orys Baratheon. Este la cubrió con su capa, la ofreció una copa de vino, le habló de la valentía de su padre para consolarla, y finalmente la tomó como esposa, adoptándo el lema y las armas de la Casa Durrandon.[9]


Conquista de las Tierras del Oeste y el Dominio

Véase también: Campo de Fuego

Loren Lannister dobla la rodilla ante Aegon I Targaryen

El rey Loren Lannister jura lealtad a Aegon I

Rendición de Altojardín

Harlen Tyrell rinde Altojardín ante Aegon

Mientras tanto, los dos grandes reyes del oeste habían hecho causa común y armado a sus propios ejércitos. De Altojardín marchó el rey Mern IX Gardener, Rey del Dominio, con una poderosa hueste. Por debajo de las paredes de Sotodeoro se reunió con Loren I Lannister, Rey de la Roca, que lideraba a su tropa hacia el sur de las Tierras del Oeste. Juntos, los dos reyes dirigieron la hueste más numerosa jamás vista en Poniente: un ejército 55.000 hombres, entre los que se contaban 600 grandes y menores señores y 5.000 caballeros montados. "Nuestro puño de hierro", se jactó el rey Mern.

Ante la noticia, Aegon, en su campamento a orillas del Ojo de Dioses reunió a su propio ejército y avanzó al encuentro de sus nuevos enemigos. Su hueste era cinco veces menor a las de los dos monarcas, y la mayoría eran súbditos de los señores de los Ríos, cuya lealtad a la casa Targaryen era aún bastante dudosa. Sin embargo, su pequeños ejército era mucho más veloz que el contrario. En Septo de Piedra se le unieron sus dos reinas. Los tres Targaryen observaron montados en sus dragones desde el cielo como sus tropas cruzaban el Aguasnegras y avanzaban hacia el sur rápidamente.

Las dos legiones chocaron en las vastas y despejadas llanuras al sur del Aguasnegras, cerca de donde mucho después pasaría el Camino Dorado. El rey Loren y el rey Mern se regocijaron cuando sus exploradores regresaron informando de la cifra y disposición de los Targaryen. Tenían cinco hombres por cada uno del enemigo, y la disparidadad en el número de señores y caballeros era aún mayor. Además, el campo era abierto y extenso, ideal para las cargas de caballería pesada. Aegon Targaryen no se encontraba en un terreno elevado como Orys Baratheon en la Última Tormenta, y el suelo era firme y no estaba embarrado. Tampoco había riesgo de lluvias, pues el día había amanecido ventoso pero despejado, y no había llovido en dos semanas. El rey Mern había procurado el doble de hombres que el rey Loren, por lo que solicitó el honor de dirigir el centro de la batalla. Edmund, su hijo y heredero, lideró la vanguardia. El rey Loren y sus caballeros formaron el flanco derecho, y Lord Oakheart, el izquierdo. Los dos reyes planeaban envolver a la hueste enemiga por los flancos y cargar en la retaguardia, mientras una formación de caballeros y señores rompería el centro. 

Aegon, mientras tanto, dispuso a sus hombres en semicírculo irregular, armados hasta los dientes con lanzas y picas, seguidos de ballesteros y arqueros, y con la caballería ligero por los flancos. Confió el mando a Jon Mooton, señor de Poza de la Doncella, uno de los primeros enemigos que se unieron a su causa. Mientras tanto, él y sus dos hermanas planearon luchar desde el cielo a lomos de sus dragones. También él había reparado en la ausencia de lluvia: los campos de hierba y trigo estaban crecidos y listos para recolectar... y muy secos. Cuando los dos reyes ordenaron atacar, rompieron las filas de los lanceros Targaryen, pero en ese momento Aegon y sus hermanas ya estaban en el aire. Sobrevolaron la formación enemiga, bañando a los rivales en llamas. Las hierbas secas y las eras ardieron de inmediato. El viento avivó las llamas y llevó el humo hasta la avanzada de los dos reyes. El olor dl fuego sembró el pánico entre los caballos, y cuando el humo se espesó, cegó tanto a monturas como a jinetes. Por todas partes se elevaban muros de llamas, y las filas se rompieron. Los hombres de Lord Mooton, de espaldas al viento, aguardaron con arcos y lanzas y despacharon en un santiamén a los hombres quemados o en llamas que surgían tambaleantes del incendio. 

La batalla fue conocida como el Campo de Fuego. Más de cuatro mil hombres murieron engullidos por las llamas y otros mil perecieron bajo las espadas, las lanzas y las flechas. Decenas de miles sufrieron quemaduras. El Rey Mern IX, así como todos sus hijos, nietos, hermanos, primos y sobrinos se contaron entre los muertos. Un sobrino sobrevivió a las quemaduras durante tres días, tras lo cual la Casa Gardener se extinguió. El rey Loren de la Roca sobrevivió, pues salió al galope a través de un muro de llamas y humo cuando vio que la batalla estaba perdida. Fue capturado al día siguiente: tendió su espada y su corona a los pues de Aegon, se arrodilló y le rindió tributo. Aegon le hizo ponerse de pie y le retribuyó sus tierras y títulos: lo nombró señor de Roca Casterly y Guardián del Occidente. Por parte Targaryen solo hubo menos de un centenar de muertos, y Visenya recibió un flechazo en el hombro, pero pronto se recuperó. 

Sin embargo, la conquista del oeste no había terminado. Aegon voló rápidamente a Altojardín antes de que ningún pretendiente se proclamara señor. Harlen Tyrell, mayordomo del castillo, le entregó las llaves de la fortaleza sin oponer resistencia y juró lealtad al conquistador. Como recompensa, Aegon le concedió Altojardín y todos sus dominios, los nombró Guardián del Sur y Señor Supremo del Mander y le otorgó señorío sobre los antiguos vasallos del los Gardener.[10]


Rendición del Norte

El último rey del Norte (Thorren Stark) arrodillado ante Aegon el conquistador

Torrhen Stark, el rey que se arrodilló.

La intención del rey Aegon era continuar la marcha hacia el sur y someter Antigua, el Rejo y Dorne, pero, cuando aún estaba en Altojardín, le llegó la noticia de un nuevo desafío. Torrhen Stark, el Rey en el Norte, había cruzado el Cuello y se había adentrado en las Tierras de los Ríos con un ejército de 30.000 salvajes norteños. De inmediato, Aegon partió hacia el norte, encabezando su ejército a lomos de Balerion, el Terror Negro. Envió un mensaje a sus dos reinas y a todos los señores y caballeros que se habían arrodillado ante él tras los episodios de Harrenhal, la Última Tormenta y el Campo de Fuego.

Cuando Torrhen Stark alcanzó las orillas del Tridente se encontró con una hueste que doblaba en tamaño a la suya aguardándolo al sur del río. Occidentales y señores de los ríos, hombres del Dominio y de las Tierras de las Tormentas: todos habían acudido. Y sobrevolando el campamento, Balerion, Vhagar y Meraxes surcaban el cielo en círculos cada vez más amplios.

Los exploradores de Torrhen habían visto las ruinas humeantes de Harrenhal; bajo los escombros aún ardían pequeños fuegos. El Rey en el Norte también había oído muchos relatos sobre el Campo de Fuego y sabía que probablemente le esperara el mismo destino si intentaba cruzar el río por la fuerza. Algunos señores banderizos lo alentaron a atacar de todas formas, insistiendo en que el coraje norteño les concedería la victoria. Otros lo apremiaban a regresar a Foso Cailin y plantar cara en tierra norteña. Brandon Nieve, el hermano bastardo del rey, se ofreció a cruzar el Tridente solo, al abrigo de la oscuridad, para aniquilar a los dragones mientras dormían con flechas de arciano.

El rey Torrhen envió a Brandon Nieve, pero acompañado de tres maestres, y no para matar, sino para negociar. Durante toda la noche los mensajes fueron y vinieron, y a la mañana siguiente Torrhen Stark cruzó el río. En la cuenca meridional, se arrodilló, depositó la antigua corona de los Reyes del Invierno a los pies de Aegon y juró ponerse a su servicio. Al ponerse en pie ya no era rey, sino señor de Invernalia y Guardián del Norte. Aunque desde ese día se recuerda a Torrhen Stark como el Rey que se Arrodilló, ningún norteño acabó carbonizado en el Tridente.[11]


Rendición del Valle

Tras la batalla de Puerto Gaviota, la reina regente Sharra Arryn comenzó a adoptar medidas para defenderse de la posible invasión Targaryen: fortificó las defensas de Puerto Gaviota, envió a un gran ejército a la Puerta de la Sangre y triplicó las guarniciones de Piedra, Nieve y Cielo. Pero todas estas defensas se mostraron inútiles para detener a los dragones. Mientras la Reina Regente estaba fuera vigilando las fortificaciones de las puertas de Piedra, Nieve y Cielo, Visenya aterrizó sobre Vhagar en el patio de Nido de Águilas. Sharra volvió a la sala del trono acompañada de una docena de guardias para descubrir a su hijo sentado sobre las rodillas de la reina. Él preguntó, “¿Madre, puedo ir a volar con esta dama?”. Ninguna otra amenaza fue dicha o sugerida. Sharra Arryn reunió las tres coronas -la pequeña de su hijo, la de su marido muerto y la suya propia- y se las dio a la reina Visenya.[12]


Invasión de Dorne

The meeting between Meria Martell and Rhaenys Targaryen by Magali Villeneuve©

La princesa Meria y la reina Rhaenys se enfrentan by Magali Villeneuve©

Rhaenys Targaryen fue enviada al principado de Dorne, tratando de asegurar las tierras situadas más al sur de Poniente. Una hueste de lanceros dornienses guardaba el Paso del Príncipe, la puerta de entrada a las Montañas Rojas, pero Rhaenys no se enfrentó a ellos. Sobrevoló el paso, sobrevoló las arenas rojas y blancas, y aterrizó en Vaith para exigir su rendición, pero halló el castillo vacío y abandonado. En la ciudad que se extendía al pie de la muralla solo quedaban niños, mujeres y ancianos, y, cuando les preguntó adónde había ido sus señores, se limitaron a responder: "Lejos". Rhaenys siguió el curso del río corriente abajo hasta Bondadivina, asentamiento de la casa Allyrion, pero también estaba desierta. Siguió volando. Allí donde el Sangreverde desemboca en el mar, Rhaenys se encontró con Los Tablones, donde cientos de chalanas, esquifes de pesca, gabarras, casas flotantes y cascos vacíos de naves dormitaban al sol, unidos por cuerdas, tablas y cadenas para formar una ciudad flotante. Sin embargo, solo unas pocas ancianas y algún niño alzaron la vista para observar como Meraxes volaba en círculos.

Finalmente el vuelo la llevó a Lanza del Sol, el legendario asentamiento de la casa Martell, donde la princesa de Dorne la aguardaba en su castillo abandonado. Según cuentan los maestres, Meria Martell tenía ochenta años y hacía sesenta que gobernaba a los dornienses. Estaba ciega, obesa y casi calva, y tenía la piel fofa y cetrina. Argilac el Arrogante la había apodado el Sapo Amarillo de Dorne, pero ni la edad ni la ceguera le habían entorpecido el juicio.

"— No lucharé contra vosotros —le expuso a Rhaenys—, pero tampoco me arrodillaré. Dorne no tiene rey, decírselo a vuestro hermano.
— Se lo diré —respondió Rhaenys—, pero regresaremos, princesa, y la próxima vez será con fuego y sangre.
— Ese es vuestro lema —repuso la princesa Meria—. El nuestro es Nunca Doblegado, Nunca Roto. Podéis quemarnos, mi señora, pero no nos doblegaréis ni nos romperéis. Estamos en Dorne, y no sois bienvenida. Si regresáis, será bajo vuestra responsabilidad."

La reina y la princesa se separaron, y Dorne permaneció insumiso.[13]


Rendición de Antigua y Coronación de la Fe

House Hightower kneels to Aegon HBO

Lord Manfred Hightower jura lealtad a Aegon el Conquistador (Histories & Lore)

Cuando llegó a Antigua la noticia de la llegada de Aegon y sus hermanas, el Septón Supremo ayunó y oró durante siete días y siete noches bajo la bóveda estrellada del septo de Antigua. Luego anunció que la Fe no se opondría a los Targaryen, porque la Vieja le había mostrado que de lo contrario eso significaría la destrucción de Antigua a favor de los dragones. Lord Manfred Hightower, un hombre piadoso, mantuvo sus fuerzas en Antigua y cuando Aegon marchó hacia allí, abrió sus puertas para someterse a la autoridad de Aegon. El Septón Supremo reconoció a Aegon como rey coronándolo en el Septo Estrellado de Antigua y con ésto consiguió destruir gran parte de la oposición que quedaba en los Siete Reinos.[14][15]


Pacificación de las Islas del Hierro y las Tres Hermanas

Aunque a excepción de Dorne se había conquistado el resto de los Siete Reinos, varias zonas permanecían insumisas.

Las Islas del Hierro habían caído en la anarquía total tras la muerte de Harren el Negro y la extinción de la casa Hoare en Harrenhal. Muchos guerreros y grandes señores habían servido a Harren en las Tierras de los Ríos y habían muerto con él en Harrenhal, mientras otros perecieron cuando la población se sublevó. Apenas unos pocos llegaron a la costa, y de estos, fueron menos los que encontraron un barcoluengo para zarpar de regreso a casa. Aegon y sus hermanas prestaron poca atención a las Islas del Hierro; tenían preocupaciones más acuciantes y enemigos más poderosos.

Los hijos del hierro, abandonados a su suerte, empezaron a pugnar entre sí. En cada una de las islas se proclamaron pretendientes al título de Rey de las Islas. Qhorin Volmark, un señor menor de Harlaw, fue el primero en reclamar la corona. En Viejo Wyk, una cuarentena de sacerdotes se reunieron bajo los huesos de Nagga para entregar la corona a uno de los suyos, un santón descalzo llamado Lodos que se decía hijo encarnado del Dios Ahogado. En Gran Wyk, Pyke y Monteorca no tardaron en aparecer pretendientes al trono, y sus respectivos seguidores combatieron por tierra y mar durante todo un año.

Aegon el Conquistador puso fin a la lucha en el 2 AC, cuando atacó Gran Wyk a lomos de Balerion y con una enorme flota. Los hijos del hierro cayeron ante él: Qhorin Volmark murió a manos del propio Conquistador, abatido por Fuegoscuro, la espada de acero valyrio. En Viejo Wyk, el rey sacerdote Lodos imploró ayuda a su dios y convocó a los krákens de las profundidades. Los kránkens no aparecieron, así que Lodos se llenó de piedras los pliegues de su túnica y se adentró en el mar para pedir consejo a su padre. Miles de fieles le imitaron. Los pretendientes que sobrevivieron en Gran Wyk y Pyke (el rey de Monteorca había muerto en combate el año anterior) se apresuraron en hincar la rodilla y rendir pleitesía a la casa Targaryen.

Aegon dejó que eligieran a su propio señor supremo, siendo el elegido Vickon Greyjoy, Lord Segador de Pyke.[16]

Mientras tanto, el rey Aegon encomendó a Lord Torrhen Stark contratar una flota de guerra en Braavos para terminar con la rebelión en las Tres Hermanas. El hermano de la reina Marla la depuso del poder y juró de nuevo lealtad a los Arryn, mientras que ella terminó sus días como hermana silenciosa.[17]

Situación tras la guerra

Iron Throne by Marc Simonetti©

Trono de Hierro by Marc Simonetti©

Finalmente, la situación llevó al control de seis de los siete reinos por Aegon I Targaryen, desde entonces conocido como Aegon el Conquistador. Dichos reinos, tras jurar lealtad ante su nuevo rey, fueron unificados en una sola nación, aunque cada región mantuvo el poder de gobernar cada uno sobre su territorio como señores. El mapa de Poniente quedó así tras el término de la guerra:

Se creía que el nuevo rey iba a hacer de Antigua su capital, pero en lugar de eso eligió erigir una ciudad en la boca de la Bahía de Aguasnegras, donde desembarcó al principio de la Conquista y anunció la fundación de un nuevo castillo, la Fortaleza Roja. La nueva capital sería nombrada como Desembarco del Rey.

Aegon decidió derretir las espadas de los que se habían opuesto a él en un trono, el Trono de Hierro, como un recordatorio de la presentación del reinado de los Targaryen. Tomó 59 días y el fuego de Balerion, el Terror Negro, para unir todas las espadas en forma de trono, el cual es utilizado por los monarcas de los Siete Reinos hasta nuestros días.[18] Aegon I dedicó el resto de su vida a la consolidación de su reino y su poder.

Referencias

v  d  e

Guerra de la Conquista

 

v  d  e

Guerras en Poniente

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